lunes, 20 de febrero de 2012

Desarrollo


Los adultos lo habían convencido de que el mundo era redondo, y por mucho tiempo todo lo vio de manera circular.
Acariciaba objetos con líneas rectas y sin embargo sólo sentía circunferencias. Los más altos edificios parecían gigantescos iglúes. Ante la confrontación con personas altas y flacas, él no dejaba de ver a esos andróginos de los que hablaba Platón. Nunca toleró la falacia de que una banana no fuera en realidad una manzana amarilla.
Hasta que entendió que los adultos ya no podían ocultar más la verdad de que el mundo en realidad era plano. Incluso llegó a deducir que la Tierra era el centro del Universo, y todos los elementos giraban alrededor de la misma. Fue todo un período de cambio, rebeldía, auto y heteroagresividad, mutaciones de lo prohibido en cotidiano, furia sin sentido, ebullición de rabia contenida ante la evidencia de las quimeras de que fuera preso por años.
Alcanzó a considerarse a sí mismo como adulto, sólo recién cuando vio que a veces el mundo era redondo y en otras circunstancias se trataba de un plano, para transformarse en ocasiones en oblicuo, y luego volver a ser redondo.