domingo, 18 de noviembre de 2012

Redes



“Jaja” escribió en el chat, pero su rostro adusto de añejos ceños fruncidos parecía decir otra cosa.
Y así fue, al verse cara a cara, las quejas no tardaron en llegar, se dijeron unos cuantos insultos y verdades, de esas que suelen doler. Y encima la terapia tan lejos en el caprichoso calendario semanal.
Quiso expresar sus sentimientos en internet, pero la página sólo ofrecía un maníaco “me gusta”. ¿Cómo hacer público la angustia y la desazón en las redes sociales? ¿Cómo escapar de una red?
Prácticamente no cruzaron palabras en toda la semana. Ella desesperaba por la llegada del día de su hora terapéutica. La relación con su madre parecía acabada. Durante la sesión se quejó de la intromisión de su progenitora en los asuntos privados, se esforzó en marcar diferencias entre ambas, anheló un padre más presente, más de una vez se preguntó por qué, exploró alguna que otra respuesta sin poder amarrarse a ninguna. Finalizó con la promesa de ponerle firmes límites a su madre, independizarse de una buena vez, y escapar por fin de esa insoportable red.
A la noche, aislada en la habitación con su computadora portátil, revisó el correo electrónico y allí pudo leer: “tu madre quiere ser tu amiga en una nueva red social.”