domingo, 31 de marzo de 2013

Yo y el perro



Ese perro es un paranoico, no tengo dudas. Y yo soy su objeto perseguidor. Y no tiene nada que ver con que yo haya sido diagnosticado hace años atrás con esquizofrenia paranoide. No. Nótese la sutil diferencia por favor: yo no siento que él me persiga, sino que él siente que yo lo persigo. Me doy cuenta, digamos, por empatía.
Pasa caminando por mi vereda y me mira. Y cuando yo salgo, él cruza la calle manteniendo fija su vista en mí.
He intentado darle comida, pero nunca la toca; en cambio lo que le dan otros vecinos, lo devora con placer. Imagino que pensará que quiero envenenarlo.
Vive en la calle, lo cual reafirma la idea de que es un perro con problemas mentales: ya todos sabemos que la gente que vive en la calle tiene algún tipo de trastorno.
No me importa su patología, lo que en realidad me preocupa es que yo conozco, por experiencias personales, cómo es la paranoia. La única forma de librarse de un perseguidor es actuando primero. Y no creo que este perro se incline por una simple mordida.
Ya hice las denuncias pertinentes en asociaciones protectoras de animales, en la municipalidad, pero nadie le da mucha importancia a lo que digo. No hay instituciones que se preocupen por la salud mental de los perros. Para ellos parece que no corre eso de “riesgo para sí y/o para terceros.”
Ante la falta de contestaciones de las autoridades, ante la ausencia de respuestas asistenciales para el perro y la falta de protección hacia mi persona, yo hoy tomaré algunas medidas de seguridad. Es sabido por todos que la mejor defensa es un buen ataque. Así que en mi cinturón ya tengo unos afilados cuchillos para cuando salga a la calle, y créanme, seré yo quien actúe primero.

miércoles, 9 de enero de 2013

Ideas de un loco



“Cuando el haloperidol borre estas inmensas ganas de matarte.
Cuando mi pasión sea deshinibición sexual.
Cuando una caminata recreativa sustituya esta deambulación improductiva.
Cuando una asistente social asesine con los lápices de colores de una tallerista a un lacaniano interesado en la locura.
Cuando los muros ya no sean ciertos, pero sin embargo existan, mal que les pese a los desmanicomilizadores.”

Los trastos de dientes que quedaban como sedimentos en la boca del loco quisieron simular una carcajada. Algunos lo miraron, otros no. Intentó desnudarse, sólo fue un intento. Y ahí fue que se le cruzaron ciertas ideas sin tiempo, nunca pudo saber si eran actuales, pretéritas o profecías de un futuro no muy distante.