sábado, 18 de octubre de 2014

Relatividad

–Einstein se equivocó –dijo el alumno y todos enmudecieron. Era una época de grandes cambios, de cuestionamientos, de esperanzas e incertidumbres. Mas el estudiante presintió que sería mejor el silencio. Pero desde su interior un impulso contrario pujaba intenso. Sintió a sus desorbitados ojos danzar inquietos, sus músculos latieron; su cuerpo, una entelequia. Así que continuó: –Sí, se equivocó al dejar con un valor fijo, constante, a la velocidad de la luz, ya que ella también es relativa.
Y al terminar sus palabras, la clase comenzó un viaje hacia ningún lado, a una velocidad inexistente.

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