martes, 8 de diciembre de 2015

Inconclusa

Se cebó un mate. Pasó los canales con el control remoto. La yerba ya se había lavado y la televisión mañanera de los sábados eran un pérdida de tiempo. Miró por la ventana: sin dudas un pronóstico de soleado para todo el día. Muchos, incluso, recomedarían a la jornada para los deportes al aire libre, caminatas por la costa o algo así. Pero esa idea no compatibilizaba con ella: siempre prefirió para su vida esa pequeña dosis de rebeldía de quien vive a contramano. Así que se sentó en el escritorio y encendió la computadora.
Extrañaba la foto de pantalla con su ex. Ya hacía un mes de la ruptura y en la compu las imágenes de paisajes reemplazaban a las de la pareja. Se preguntó por qué no tener allí la foto de los dos, si en definitiva esa anhelaba. No encontró respuesta así que abrió Mis documentos. Algún día ordenaría todos esos documentos en carpetas: novelas, cuentos, poesías, ensayos, reseñas, todos sus escritos se amontonaban en una única carpeta. Algún día, pero hoy no.
Encendió un cigarrillo y comenzó a abrir cada documento. Se rascó la barbilla y sonrió. Cuentos, novelas, poemas, reseñas; todos proyectos sin final, puros documentos inconclusos, nunca un punto definitivo. Suspiró y se porpuso ese mismo sábado terminar por fin algo. Eligió un cuento. Revisó en internet si podría enviarlo a algún concurso. Había uno disponible.
Pero internet también estaba disponible con películas, series, revistas. Y las redes sociales siempre tan tentadoras: los comentarios de amigos, coléricas riñas políticas, las últimas fotos de su ex. Volvió a Word y se puso a escribir. No obstante, cada tanto leía alún portal de noticias, algún que otro video de corta duración.
Dejó la computadora y fue por una manzana y un vaso de agua. Fumar siempre le dio sed. Algún día dejaría el cigarrillo. Bebió unos cuantos sorbos, mordisquió casi media manzana, y volvió al cuento.
Mientras que con sus ágiles dedos tecleaba, en su cabeza ya se entretejía el final de la historia, el desenlace. Sí, al fin acabaría con el cuento. Pero su celular vibró. Sonrió. Quiso un nuevo cigarrillo, pero reprimió tal anhelo. Su ex la invitaba a tomar mates en la costa.
No sabía qué responder así que dejó el celular sobre el escritorio, aunque sus ojos sus ojos seguían clavados en el aparato. Corrió la vista y observó la escena que lo rodeaba: la pantalla de la coputadora con el cuento sin final, el paquete de cigarrillos abierto, la manzana mordisqueada, el vaso entre medio lleno y medio vacío. Así que tomó el teléfono para responder cuando...

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