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Sergio Denis y cómo escaparle al misticismo

Hay cierta información que me pasa de largo. Me nefrega. Por ejemplo el chusmerío de la tele. Las noticias del corazón que le dicen. De hecho, no tengo idea cómo alguien se entera si una bailarina se peleó con no sé quién en el programa de Tinelli. Supongo que mirando su programa. En fin…
(Aclaro que para mí Tinelli sigue siendo el cabezón hincha de San Lorenzo que le entra un alfajor entero en la boca).
Pero cada tanto algo de eso que pasa de largo, se apodera de mis sentidos. Creo que eso sucedió con Sergio Denis. Mis conjeturas me pusieron al borde del insomnio. Hasta que mi ya tradicional mecanismo de defensa de intelectualización se impuso, y mis párpados cedieron.
Al parecer hace unos años Denis estuvo sin signos vitales por 17 minutos. Hasta que lo re animaron. A partir de ese hecho, el tipo recorrió los medios contando su experiencia. Una especie de Víctor Sueiro. Ni el primero ni el último, claramente. Pero más allá de eso, lo llamativo vino apres coup. Pero hace ya unos meses Sergio se cayó de un escenario a una especie de fosa y hoy está en terapia intensiva, con un coma inducido, luchando por vivir, como se dice.
Todo parece un accidente más, hasta que de modo retroactivo escuchamos al mismo Sergio Denis decir que aquella vez que estuvo 17 minutos sin signos vitales él vio algo así como su muerte en la cual caía desde una tarima a un pozo.
Un argumento digno de un Lovecraft que alienta a las versiones espiritistas y metafísicas que piensan a la muerte como el pasaje a otro plano, o la vida más allá de la muerte, o el ánima, o el alma o cosas así. Ellos así podrían encontrar en Denis, una confirmación de su tesis.
Es cierto, la idea es tentadora. Es decir, materialistas, científicos habrían estado equivocados. La ciencia no puede explicar esto. Es el alma, ánima, espíritu o lo que sea. Y a lo mejor tengan razón: la ciencia no puede explicarlo.
En esta especie de paradoja respecto a la vida, la muerte y el más allá, luego de darle vuelta en mi cabeza con algunas lecturas, llegué a ciertas hipótesis para nada concluyentes. Los invito a que sigan ese recorrido conmigo:
* Que el tipo haya perdido sus signos vitales por 17 minutos y que tenga visiones al respecto no implican garantía objetiva de nada. Ahora, que esas visiones impliquen de un modo en apariencia tan directo a un accidente que podría ser letal, tiene que despertarnos la atención. Es decir, aceptemos que hay algo que no sabemos. Un  punto ciego que no necesariamente tenemos que cubrir con hipótesis metafísicas. Mantengamos la tensión de la duda.
* Si Denis vio su muerte en esa especie de ensoñación, entonces hay algo de la lectura del futuro en el asunto. ¿Será acaso que hay un destino trazado, por lo menos en lo referido a nuestra muerte? O tal vez, hipotetizemos, Denis hubiese cambiado su trágico destino si hubiese comprendido cabalmente el mensaje. A lo mejor un sueño no sólo sea el cumplimiento disfrazado de un deseo (versión freudiana del sueño) sino que también implicaría una especie de premonición. Así lo creían los egipcios, los espartanos y algunos romanos, por ejemplo. Ellos hablaban de dioses que se comunicaban por medio de los sueños. Por el momento, en estas misceláneas reflexivas, prescindiremos de los dioses.
* La muerte. Insisto, los metafísicos encontrarán en Denis la prueba sobre la vida más allá de la muerte. Pero si un metafísico actual descubriera que el concepto científico de la muerte va variando de acuerdo a la época, a lo mejor se le quemarían los papeles. La ciencia en algún momento consideró al latido del corazón como la última prueba de vida: es decir, no te la latía el cuore, pues moriste. Más en la antigüedad, veían a la respiración como lo más importante: ah, no respirás, chau. Recién a mediados del siglo XX, el encéfalo pasa a ser lo relevante. Es decir, hoy te morís cuando tu encéfalo ya no funciona de modo irreversible. Entonces, ¿qué nos hace suponer que en el futuro ese concepto de muerte no varíe? Quizá, desde ese punto de vista histórico, Sergio Denis estuvo muerto 17 minutos sólo para los instrumentos de evaluación y paradigma científicos actuales.
* Se me ocurre que la sinestesia tiene aquí algo que ver. La sinestesia, uno de los grandes misterios de la ciencia, consiste en un cambio en los sentidos. Por ejemplo, el sujeto sinestésico puede oír colores o ver música. He visto a niños con sinestesia oler, con ojos vendados, el color de objetos. De ahí se desprenden varias preguntas. ¿Será acaso que los colores tienen determinado aroma que sólo el sinestésico conoce? Hipotetizemos que los objetos, las cosas, poseen cualidades que escapan a nuestra percepción. ¿Será entonces que nuestra percepción podría ampliarse? Sabemos, por ejemplo, que el oído humano sólo capta sonidos entre un estrecho margen de decibeles. Entonces, hay sonidos que se escapan. Lo mismo con la luz: sólo observamos algunos rayos de los que emite el sol; por ende existe todo un espectro invisible que no vemos. ¿Acaso nunca vieron a un perro ladrarle a la nada misma? ¿Alguien alguna vez vio a la materia oscura? Es decir, hay sonidos que no oímos, rayos solares que no vemos, y, teniendo en cuenta a la sinestesia, cualidades que ni siquiera sospechamos. ¿Por qué entonces no pensar algo así respecto a las vivencias de Denis?

Todo este rodeo para preguntarnos por qué la necesidad de hipótesis anti materialistas y metafísicas respecto a la vida y a la muerte.
Quizá porque necesitamos certezas ante el océano de las dudas. Es más fácil zanjar las problemáticas apelando al más allá, a la vida en otro plano y la famosa mar en coche. Estudiar, investigar no siempre nos quita las dudas. En todo caso nos aleja de certezas absolutas y nos abre nuevas preguntas. Cuanto más sabemos, menos certezas poseemos.
Quizá esa sea la cuestión. Lo que vivió Sergio Denis nos puede habilitar preguntas y muy pocas respuestas. Nos puede alejar de dogmas y verdades absolutas. Pero para eso tendremos que soportar la tensión del desconocimiento. Más fácil es apelar a ideas metafísicas. La complejidad está en vivir sin saberlo todo respecto de la misma vida.

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