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De otro planeta


 Pequeña participación en la Ronda Literaria Abierta Internacional

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Clase final

Cuando abrí los ojos no sabía la hora. Me quedé en la cama con la vista clavada en el cielo raso. El yeso blanco del techo tenía rugosidades que nunca había notado, puntos negros de humedad, huellas de moscas, un agujero muy chiquito y sobrantes de pintura en los ángulos. Detalles que hacían que eso no fuera una masa recta de yeso blanco sino una especie de gigante hielo irregular. Decepcionado por la ausencia de perfección del techo, di vueltas un par de veces para ver si me dormía pero no. Despertaba. Mejor dicho, algo no me dejaba dormir. Supongo que sería eso que los adultos llaman ansiedad. Yo no sé qué es la ansiedad. Pero con esa palabra justificás todo: no estudié porque me puse ansioso,  estaba tan ansioso que me puse a estudiar; no dormí por la ansiedad, me quedé dormido por la ansiedad; y podría seguir pero creo que se entiende la idea. Ni la ruidosa lustradora de parquet, ni los rayos de sol, ni los caniches de mamá, ni el canal de noticias de papá, nada de eso me pertu...

Una muy subjetiva reivindicación del colectivo

En tiempos de argentinismos intensos (La argentinidad al palo, cantaría la Bersuit), quisiera comentar algunas sensaciones sobre los colectivos, ómnibus, autobuses, o como quieran llamarlo. Sensaciones meramente individuales, vale aclararlo. Según el mito, el colectivo es un invento argentino, lo cual engorda a ese nacionalista dentro nuestro que, luego de ganar un mundial, es inmenso. El orgullo por tal invención encuentra, como podríamos adivinar, contradicciones que niegan al nacionalismo exacerbado: que va lleno de gente, que no cumple con los horarios, que aumenta el precio del pasaje, que funcionan mal y otras quejas justificadas sobre un servicio de trasporte público que no cumple con las expectativas de sus usuarios. Quizá en otras partes del mundo haya un mejor funcionamiento. Acaso el colectivo ideal existe en un hipotético primer mundo. No lo sé, pero puedo decirles que he escuchado –y vivido– todas estas injusticias arriba de un colectivo. Y, por lo tanto, podría argüir en...

El fútbol sin público y eso de la otredad

Volvió el fútbol. Ya hace unos meses la pelota rueda por Europa, en algunos lugares de América también y ahora los argentinos podemos ver equipos de nuestro país jugando la Copa Libertadores. Con una particularidad: la ausencia de público en los estadios. Aclaro esto de los estadios porque los hinchas resulta que sí estamos, pero frente a la pantalla de un televisor, una computadora, una tablet, un Smartphone o lo que sea. No hay público en las canchas pero cada vez existen mayor cantidad de dispositivos para ver un partidito. Pero no hay público. La idea de estas líneas es aclarar algunas ideas que venían dando vueltas por mi cabeza respecto a la ausencia de hinchadas en las canchas. Desde hace unos años, las tribunas se convirtieron en parte del show. El hincha argentino, el hincha caracterizado, dejó de ser un espectador que alentaba a su equipo. Ahora es parte de ese espectáculo, un protagonismo que se juega en canciones, coloridos y esas cosas. De hecho, hay hinchadas que ofrece...